Como grecochipriota, sigo con mucho interés la visita a Chipre de los líderes de Francia y Grecia, Emmanuel Macron y Kyriakos Mitsotakis, tras el envío de fuerzas aeronavales por parte de Francia, España y Grecia. Para mí tiene un fuerte simbolismo. Refleja hasta qué punto Chipre, por su posición geográfica, se vuelve cada vez más importante en la nueva realidad geopolítica que está tomando forma en la región.
El mensaje es bastante claro: Occidente considera que esta isla es estratégicamente esencial. Y en ese contexto, Grecia, claramente fortalecida en los últimos años, parece asumir un papel particular. El mensaje también va dirigido a Turquía, que mantiene en la isla un ejército de ocupación y que sigue reclamando espacio y un papel en Chipre. Hay quienes dicen que el despliegue de fuerzas aeronavales y estas visitas de alto nivel tienen como objetivo proteger intereses británicos, estadounidenses y israelíes. Pero entonces surge una pregunta muy simple: ¿esa protección no beneficia también a los propios chipriotas?
Otros responden que Chipre no se vería implicado en tensiones regionales si dijera no a las actividades estadounidenses o israelíes en la isla. Pero seamos realistas por un momento. ¿Alguien cree que si Chipre dijera no a Trump o a Netanyahu, la isla estaría menos expuesta a presiones o riesgos? Pensemos en ello con frialdad y con realismo, no con la fantasía de que Chipre es una superpotencia regional.